San Francisco: mi lugar amado, donde aprendí a volar la vida

San Francisco es, y seguirá siendo, mi lugar amado. No solo una ciudad en la que viví, sino un territorio emocional que me habita. Fue el lugar donde fui muy, pero muy feliz, sin aferrarme a lo material, sin necesitar demasiado para sentir que lo tenía todo. Viví en San Francisco antes de convertirme en madre, y también fue allí donde tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: decidir tener a mi hijo. Esa ciudad fue testigo de una versión de mí profundamente libre, valiente y viva.

12/31/20252 min read

Volar como forma de estar en el mundo

En San Francisco volaba en parapente como piloto sencillo. Volar era más que una práctica deportiva; era una forma de entender la vida. Leer el viento, confiar en el cuerpo, aceptar que no todo se controla. Cada vuelo me enseñaba algo sobre la paciencia, el respeto y la entrega.

Desde el aire, la ciudad se mostraba en toda su belleza: las colinas onduladas, el océano infinito, la neblina entrando suave, casi ceremonial. Volar allí me enseñó a soltar, a escuchar y a sentirme parte de algo más grande.

Una ciudad que celebra la libertad

San Francisco tiene una energía única. Hippie y cosmopolita al mismo tiempo. Rebelde, diversa, creativa. Es una ciudad donde las personas existen sin pedir permiso, donde la diferencia no se tolera: se celebra.

Caminando por sus calles sentía que podía ser yo, sin etiquetas ni expectativas. Nadie esperaba que siguiera un molde. Podía ser muchas cosas a la vez: piloto, artista, inmigrante, observadora, mujer en construcción. Esa libertad marcó profundamente mi forma de ver la vida.

La música en los parques, las conversaciones eternas en los cafés, el arte callejero, las historias cruzándose en cada esquina. Todo invitaba a cuestionar lo establecido y a vivir con más conciencia.

La felicidad sin apego

En San Francisco entendí que la felicidad no estaba en acumular cosas, sino en vivir experiencias. Allí compré mi primer carro, un símbolo de autonomía y movimiento, pero nunca fue lo material lo que definió esa etapa.

Lo que realmente me hizo feliz fue la sensación de libertad, la conexión con la ciudad, con la naturaleza, con el cielo. Fue una felicidad ligera, presente, sin miedo a perder.

Un hogar que vive en mí

Aunque hoy mi vida transcurre en otro lugar, San Francisco sigue viviendo dentro de mí. Vive en mi manera de criar, de crear, de agradecer. En mi relación con el arte, con el vuelo, con la vida.

Fue un capítulo fundamental que me preparó para todo lo que vino después. Para la maternidad, para los cambios, para las decisiones difíciles y para la vida que hoy abrazo con amor.

San Francisco fue el lugar donde aprendí que se puede ser profundamente feliz sin aferrarse a lo material. Donde entendí que vivir también es un acto creativo.

Y aunque ya no esté allí, siempre será mi lugar amado. Porque fue el lugar donde aprendí a volar la vida.

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