El camino hacia el arte: desde el miedo a la libertad creativa.

Durante mucho tiempo pensé que el mayor problema para crear era no tener tiempo, materiales o el espacio perfecto. Hoy sé que no era eso. Era el miedo. Miedo a empezar, a equivocarme, a no ser suficiente. Esta es mi historia. Soy Lina y a los 29 años decidí volver al arte.

Lina Corredor

5/8/2024

Cuando el miedo tomó el control

Desde pequeña sentí una conexión profunda con el arte. Dibujar, pintar y crear eran formas naturales de expresarme. Pero con el paso del tiempo llegaron las dudas: ¿y si no soy tan buena?, ¿y si pierdo el tiempo?, ¿y si fracaso?. La vida adulta me enseñó a priorizar lo seguro sobre lo soñado.

Sin darme cuenta, fui guardando el arte en un cajón. No porque dejara de amarlo, sino porque empecé a tenerle miedo. Miedo al juicio, a la comparación, a no cumplir expectativas propias y ajenas.

El momento de darme cuenta

Hubo un momento clave que marcó este regreso. Cuando me separé del papá de mi hijo, mi vida cambió por completo. Fue una etapa de mucho movimiento interno, de preguntas, de duelo y de reconstrucción. En medio de ese proceso, algo en mí empezó a despertarse.

A los 29 años entendí algo que me cambió: dejar de crear también dolía. El silencio creativo empezó a pesar más que el miedo. Me di cuenta de que no volver al arte era, en realidad, renunciar a una parte muy importante de mí.

Fue en ese momento de ruptura cuando, casi sin darme cuenta, comencé a crear de nuevo. No como una meta, sino como una necesidad. El arte apareció como refugio, como forma de ordenar lo que sentía y de volver a escucharme.

Volver no fue fácil ni perfecto. Fue un regreso tímido, lleno de inseguridades. Un lápiz, un lienzo, un espacio para probar sin exigencias. Darme permiso de volver a empezar.

Del miedo a la libertad creativa

Con cada trazo empecé a transformar el miedo en movimiento. Descubrí que el arte no exige certezas, sino presencia. Que no se trata de hacerlo “bien”, sino de hacerlo honesto. Que la libertad creativa aparece cuando dejo de crear para complacer y empiezo a crear para sentir.

El miedo no desapareció por completo, pero dejó de tomar las decisiones por mí. Ahora camina a mi lado, ya no al frente.

Una invitación personal

Hoy sé que nunca es tarde para retomar un sueño. Que la edad no limita la creatividad y que empezar de nuevo también es un acto de valentía. El arte no es solo un resultado; es un camino de auto conocimiento, sanación y libertad.

Si tú también dejaste de crear por miedo, quiero decirte algo: vuelve. No tienes que saber exactamente a dónde vas. Basta con dar el primer paso y confiar en que, al hacerlo, algo dentro de ti también volverá a respirar.

Porque para mí, el camino hacia el arte ha sido, sobre todo, el camino de regreso a casa.

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